Me llamo Iranzu y nací el 6 de mayo de 1992 en Lumbier, un pequeño pueblo de 1400 habitantes que se encuentra a 38 km de Pamplona.
Hasta los 12 años estudié en el colegio público de allí, donde hice mis primeras amistades. A los 9 empecé a tocar la flauta en la escuela de música de mi pueblo. Creo que fue la primera decisión académica que tomé por mi cuenta. Un día me acerqué a mi madre y le dije que quería tocar la flauta y aprender música, que me apuntara a clases. No recuerdo la cara que ella puso, pero me imagino que fue algo que le sorprendió. Salvo yo, nadie sabe música en mi casa, y yo tan solo tenía 7 años cuando le confesé a mi madre mi interés por una de las mayores pasiones de mi vida. Hice mis estudios de E.SO. y bachillerato en Sangüesa, otro pueblo de Navarra que se encuentra a 14 km del mío. En mi pueblo no hay instituto así que al acabar el colegio vamos allí a estudiar. Este cambio nos permite conocer a gente nueva de más de 10 pueblos de la zona, que al igual que nosotros se trasladan diariamente para ir al instituto.
Cuando tenía 14 años mis profesores me animaron a que hiciera las pruebas de acceso al Conservatorio de Música de Pamplona, en el que todavía estudio. Lo cierto es que no recuerdo cómo era mi infancia antes de empezar a tocar la flauta, así que supongo que podría decirse que la música es algo que siempre ha estado conmigo. Aunque empecé con 14 años el conservatorio en Pamplona, seguí viviendo en mi pueblo hasta los 18. Al empezar la universidad me mudé a una residencia de estudiantes en el centro de Pamplona, en la cual, a día de hoy, sigo viviendo.
Creo que la experiencia de ser estudiante es algo, en apariencia, tan banal, que uno no se hace idea de lo enriquecedor que puede llegar a ser hasta que lo vive en su propia piel. Hace unos meses vi una entrevista en la que Steve Jobs hacía un símil que creo que encaja perfectamente con lo que quiero decir. El genio de Apple contó que, una tarde, siendo un niño, un anciano que vivía en su calle le mostró una pulidora de piedras que él guardaba en su garaje. En ella metieron piedras corrientes que cogieron del jardín de su vecino, y las pusieron en el interior de la máquina junto con un poco de arena y agua. La máquina quedó toda la noche funcionando y, al día siguiente, las piedras corrientes se habían transformado en piedras perfectamente pulidas, muy bellas. Él comparó estas piedras con los más brillantes de sus empleados que tras reuniones, puesta en común de ideas, e incluso discusiones, se mejoraban al quedar expuestos unos a otros.
La vida de estudiante, y sobre todo, la convivencia en la residencia, me ha permitido ser una piedra más entre el resto, me ha hecho descubrir que ahí fuera hay personas geniales dispuestas a dar lo mejor de sí en cada momento. Todas las personas que han estado en mi entorno durante estos años me han aportado mucho, al igual que yo a ellas, porque pienso que todos tenemos mucho que aportar a los demás.
Actualmente estudio 3º de nutrición y sigo compaginando la universidad con mis estudios de 6º de música en el conservatorio.
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