domingo, 25 de noviembre de 2012

La escasez de tiempo

Hace tiempo leí algo que me presentó en palabras una idea que rondaba en mi cabeza últimamente: dedicar tiempo a los demás nos hace sentir que disponemos de más tiempo. Curiosamente parece irónico que invirtiendo tiempo en alguna actividad sintamos que tenemos más tiempo. ¿Cómo se puede ganar tiempo gastándolo? Lo habitual cuando nos sentimos agobiados por falta de tiempo es reducir las actividades o anular los planes que teníamos pensados: Este ”finde” no salgo, tengo que estudiar. Y al final ocurre que siempre nos falta tiempo para aquellas cosas que realmente nos gusta hacer, aquellas que deseamos llevar a cabo durante mucho tiempo pero que nunca llegamos a encontrar el momento oportuno para realizarlas porque “nos falta tiempo”. Tiempo para estudiar, para salir, para apuntarnos a inglés, para ir al gimnasio, para quedar con los amigos a tomar una caña. Y nos pasa a todos. Mi experiencia me dice que, aunque tengo la capacidad de sacar tiempo para muchas de las cosas a las que me gusta dedicarme, siempre se me queda algo en el tintero.
 

La Persistencia de la Memoria (1931)
Dalí
A menudo lamentamos que el tiempo pasa rápido, vivimos pensando que la vida es efímera, adoramos el carpe diem, nos recordamos a nosotros mismos continuamente que hay que aprovechar el tiempo. Y a la vez estamos aburridos, vacíos, no sabemos cómo pasar el tiempo y acabamos invirtiéndolo en sucedáneos que rápidamente nos sacian y al cabo de poco tiempo nos dejan con una profunda sensación de desconsuelo. Como en el cuento la Lima de los Deseos de Pereda, esperamos ansiosos el porvenir, pensando en un tiempo futuro en el que las dificultades sean menores. Estamos impacientes porque pasen las clases que no nos gustan, la mañana que se nos hace pesada, el día que tenemos tantas horas de clase y prácticas, la semana de los parciales, porque pase un determinado tiempo para poder dedicarme a otras cosas, y no nos damos cuenta de que el momento es ahora. Vamos dejando pasar el tiempo con la cabeza sumergida en pensamientos, ruido, obligaciones que no nos dejan pensar, y nos impiden ver que la libertad no es dejar pasar el tiempo sin hacer nada como tantas veces hemos oído (y dicho) al acabar exámenes con la famosa frase “¡soy libre!” ¿Es que acaso antes no lo éramos? Para mí la libertad no es estar libre de responsabilidades o de obligaciones, sino la capacidad de cambiar las cosas que no nos gusten y cambiarse a uno mismo en aquellos aspectos en los que no estemos satisfechos, cambiar la gestión del tiempo hacia un mejor aprovechamiento de este para ir hacia donde uno quiere llegar.
 
Debemos esforzarnos por darle un sentido a la vida sin esperar a que las cosas pasen para mostrárnoslo. Debemos intentar darle un sentido al paso del tiempo para que así, cuando echemos la vista atrás comprobemos que lo vivido ha merecido la pena, y que lo que queda por vivir merece todavía más. Debemos intentar dejar atrás los agobios y superar la falta de tiempo que nos atormenta porque, como dijo Paulo Cohelo el primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario