A raíz de la crisis económica mundial que estamos viviendo, no solo se ha cuestionado el actual sistema ecónomico imperante en el mundo, también se han puesto de manifiesto otras carencias de nuestra sociedad. Entre la multitud de ajustes que se han llevado a cabo con el fin de sanear un endeudamiento que apenas se ha solventado, ha habido especial revuelo con el tema de recortes en educación. Miles de personas han tomado las calles en las manifestaciones de los últimos meses. Tal movimiento de personas indignadas solo puede querer decir una cosa: nos importa la educación de los jóvenes. ¿O no?
Hipócrates dijo que los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza ninguna para el porvenir. Todos hemos oído que los jóvenes de hoy somos vagos, ignorantes, caprichosos. Que nuestros padres nos han dado todo hecho y que no sabemos valorarlo. Que no tenemos valores, que no nos interesa la política, ni el arte, ni la literatura. Que no entendemos lo que leemos. Recuerdo cuando en el colegio nos hicieron la prueba con la que más tarde se calculaban los resultados del informe Pisa por países. En el informe de 2009 España se encontraba por debajo de la media de la OCDE. Los shows televisivos están plagados de jóvenes “ninis” que engrosan esa tasa del 28,6% de fracaso escolar de nuestro país, el tercero más alto de la Unión Europea. Por otro lado somos el país europeo con mayor porcentaje de jóvenes con estudios universitarios. En qué quedamos ¿somos tontos o no? ¿El sistema educativo actual estimula a los estudiantes o no?
Hemos dicho que nuestro país es, dentro de la Unión Europea, el que mayor porcentaje de jóvenes con estudios universitarios tiene. Sin embargo, una vez finalizada la universidad son muy pocos los que encuentran un empleo que se corresponda con su cualificación. Hace años, aquel que tenía un título universitario conseguía, antes o después, un trabajo en su materia. Hoy en día los títulos han ido perdiendo valor, se dice que tener una carrera no sirve para nada, porque hay cientos (miles) de personas que la tienen igual que tú. Así que es necesario que tengas un máster. O un doctorado.
Da la sensación de que merece la pena hacer un cambio. Los profesores, educadores, padres, los propios estudiantes y, en definitiva, la sociedad debería motivar a los niños y jóvenes de hoy para que potenciaran y trabajaran aquellos talentos en los que son extraordinarios, porque todos tenemos talento para algo. Cada vez se oye más que los profesores en el futuro serán guías que orientarán a los alumnos hacia aquellos campos por los que muestren más interés, recurriendo así a la educación individualizada que saque lo mejor de cada estudiante.

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