martes, 27 de noviembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
Sociedad vs individualidad
A pesar de la superficialidad, violencia y materialismo de la sociedad, continuamente se nos muestra esta necesidad de poner la vida por delante de ideologías, razas, modas, sexo, políticas, criterios económicos, enfermedades, etc. El cine nos lo muestra a menudo. En la película El Aceite de la Vida, se muestra la tenacidad de un matrimonio por derrotar la enfermedad de su hijo, negándose a aceptar la muerte irremediable de este. El protagonista de Intocable lucha por seguir viviendo dignamente a pesar de su enfermedad. Ablación de clítoris, torturas en Guantánamo, cheque bebé, despidos laborales, tráfico humano, el asesinato de Martin Luther King, compaginar la vida laboral y familiar, anorexia en las pasarelas, terrorismo, declaración de los derechos humanos, pena de muerte, recortes sanitarios.
Todos podríamos decir qué acciones respetan la vida, cuáles la promueven, cuáles la entorpecen y cuáles atentan contra ella. El promover unos u otros criterios, ideologías y comportamientos depende de todos, está en manos de cada uno. La sociedad es el conjunto de estas ideologías y pensamientos, pero todos formamos parte de ella como individuos y lo que cada cual piense o defienda va en pro o en contra de la misma, la define. El objetivo de toda sociedad que pretenda mejorar es promover el respeto, dignidad, libertad, amparando a cada ciudadano, para que este pueda dar a su vez lo mejor de sí mismo. Los músicos de la Orquesta del Diván dan lo mejor de sí mismos porque se sienten valorados y aceptados en el proyecto. Si cada uno nos sintiéramos así dentro de la sociedad seríamos capaces de ver a los demás como personas, iguales que nosotros, no simplemente individuos ajenos a nuestro entorno, sintiéndonos parte de ese gran engranaje llamado sociedad.
Quiero agradecer a mis compañeras Natalia Salinas Bazán y ElenaMartín Baroja su colaboración para escribir este ensayo.
Giovanni Bottesini
Fantasia on themes by Rossini
Kyril Zlotnikov-cello Nabil Shehata-double bass
Daniel Barenboim West-Eastern Divan Orchestra
Live concert from Alhambra,Granada 20 Aug 2006
La familia
Desde que empecé la universidad he tenido la suerte de vivir en una residencia. Este domingo, entré a la habitación de dos buenas amigas a comentar el fin de semana. Al tocar en la puerta me invitaron a pasar, y a sentarme a ver el programa al que tanta atención estaban prestando.
Estaban viendo Gandía Shore. Hace años que no veo la tele de manera continúa, pero había oído hablar algo acerca de este show. Para los que estén perdidos, Gandía Shore es la versión nacional de Jersey Shore. Este reality consiste básicamente en seguir la vida conjunta de 8 hombres y mujeres durante un verano. Resulta que esta serie ha sido todo un éxito en la versión original americana, así que le tocaba el turno a la de aquí. Lo cual me hace pensar que si hay algo que a nivel general se nos dé bien en este país es imitar lo peor de otros sitios (televisión, fast food, políticas de ejército…). Pero eso es otro tema aparte. Resulta que estos sujetos iban llegando a la casa uno por uno, se conocían, se presentaban unos a otros. Más tarde cada uno de ellos en un cuarto con una cámara declaraba qué le había parecido cada uno de sus compañeros. Lo cierto es que era realmente penoso cada vez que abrían la boca. Me pareció que la manera en que hablaban (y la manera de pensar que se translucía a través sus palabras), su forma de vestir, su aspecto en general, no decía mucho en su favor. Nadie hablaba de intereses más allá de sexo, borracheras y vivir la vida a tope. Pasarlo bien, decían. Ni estudios, ni trabajo, ni carrera profesional, ni familia. Ninguno parecía tener conciencia de lo que decía cuando hablaba. Estoy segura de que mi familia (y en especial mi madre) se sentiría profundamente avergonzada y decepcionada si me oyese hablar, vestir, o actuar como estas personas. Porque esta gente son personas que merecen el mismo respeto y dignidad que yo, aunque a menudo ellos se empeñen en mostrar lo contrario.
Tantas veces se nos llena la boca diciendo que la familia es lo más importante y ni siquiera sabemos hasta qué punto es cierto. Tantas veces discuto con mi madre, generalmente por tonterías, o porque tengo un mal día y lo pago con ella. Tan pocas veces se me pasa por la cabeza que yo soy como soy gracias a ella y a mi familia. Que si entre mis metas en la vida es ser una persona de provecho para el mundo es en parte gracias a ellos. Que si yo quiero ser una buena persona es porque ellos me lo han inculcado. Que para que yo pueda ir a la universidad ellos renuncian a muchas cosas, y además lo hacen con una sonrisa. Hacer que ellos estén orgullosos de mí es la mejor manera de pagarles los sacrificios que han hecho para educarme, porque reconozco que no siempre soy, ni he sido, la hija perfecta. Estoy segura de que aspiro a algo más que salir todos los fines de semana de borrachera y desfase porque ellos se han esforzado en mostrarme que hay más cosas en la vida. Y me considero afortunada por ello. Tal vez los participantes de Gandía Shore no han tenido la misma suerte que yo, que tengo una familia que quiere lo mejor para mí, me apoya y me valora. Porque como recogió Judit la semana pasada del congreso de Leopoldo Abadía “No se trata de qué mundo dejaremos a nuestros hijos, sino de qué hijos dejaremos en este mundo”. Y esos hijos, como todo lo maravilloso de este mundo, no salen de la nada.
La educación de los jóvenes
A raíz de la crisis económica mundial que estamos viviendo, no solo se ha cuestionado el actual sistema ecónomico imperante en el mundo, también se han puesto de manifiesto otras carencias de nuestra sociedad. Entre la multitud de ajustes que se han llevado a cabo con el fin de sanear un endeudamiento que apenas se ha solventado, ha habido especial revuelo con el tema de recortes en educación. Miles de personas han tomado las calles en las manifestaciones de los últimos meses. Tal movimiento de personas indignadas solo puede querer decir una cosa: nos importa la educación de los jóvenes. ¿O no?
Hipócrates dijo que los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza ninguna para el porvenir. Todos hemos oído que los jóvenes de hoy somos vagos, ignorantes, caprichosos. Que nuestros padres nos han dado todo hecho y que no sabemos valorarlo. Que no tenemos valores, que no nos interesa la política, ni el arte, ni la literatura. Que no entendemos lo que leemos. Recuerdo cuando en el colegio nos hicieron la prueba con la que más tarde se calculaban los resultados del informe Pisa por países. En el informe de 2009 España se encontraba por debajo de la media de la OCDE. Los shows televisivos están plagados de jóvenes “ninis” que engrosan esa tasa del 28,6% de fracaso escolar de nuestro país, el tercero más alto de la Unión Europea. Por otro lado somos el país europeo con mayor porcentaje de jóvenes con estudios universitarios. En qué quedamos ¿somos tontos o no? ¿El sistema educativo actual estimula a los estudiantes o no?
Hemos dicho que nuestro país es, dentro de la Unión Europea, el que mayor porcentaje de jóvenes con estudios universitarios tiene. Sin embargo, una vez finalizada la universidad son muy pocos los que encuentran un empleo que se corresponda con su cualificación. Hace años, aquel que tenía un título universitario conseguía, antes o después, un trabajo en su materia. Hoy en día los títulos han ido perdiendo valor, se dice que tener una carrera no sirve para nada, porque hay cientos (miles) de personas que la tienen igual que tú. Así que es necesario que tengas un máster. O un doctorado.
Da la sensación de que merece la pena hacer un cambio. Los profesores, educadores, padres, los propios estudiantes y, en definitiva, la sociedad debería motivar a los niños y jóvenes de hoy para que potenciaran y trabajaran aquellos talentos en los que son extraordinarios, porque todos tenemos talento para algo. Cada vez se oye más que los profesores en el futuro serán guías que orientarán a los alumnos hacia aquellos campos por los que muestren más interés, recurriendo así a la educación individualizada que saque lo mejor de cada estudiante.
La escasez de tiempo
Hace tiempo leí algo que me presentó en palabras una idea que rondaba en mi cabeza últimamente: dedicar tiempo a los demás nos hace sentir que disponemos de más tiempo. Curiosamente parece irónico que invirtiendo tiempo en alguna actividad sintamos que tenemos más tiempo. ¿Cómo se puede ganar tiempo gastándolo?
Lo habitual cuando nos sentimos agobiados por falta de tiempo es reducir las actividades o anular los planes que teníamos pensados: Este ”finde” no salgo, tengo que estudiar. Y al final ocurre que siempre nos falta tiempo para aquellas cosas que realmente nos gusta hacer, aquellas que deseamos llevar a cabo durante mucho tiempo pero que nunca llegamos a encontrar el momento oportuno para realizarlas porque “nos falta tiempo”. Tiempo para estudiar, para salir, para apuntarnos a inglés, para ir al gimnasio, para quedar con los amigos a tomar una caña. Y nos pasa a todos. Mi experiencia me dice que, aunque tengo la capacidad de sacar tiempo para muchas de las cosas a las que me gusta dedicarme, siempre se me queda algo en el tintero.
A menudo lamentamos que el tiempo pasa rápido, vivimos pensando que la vida es efímera, adoramos el carpe diem, nos recordamos a nosotros mismos continuamente que hay que aprovechar el tiempo. Y a la vez estamos aburridos, vacíos, no sabemos cómo pasar el tiempo y acabamos invirtiéndolo en sucedáneos que rápidamente nos sacian y al cabo de poco tiempo nos dejan con una profunda sensación de desconsuelo.
Como en el cuento la Lima de los Deseos de Pereda, esperamos ansiosos el porvenir, pensando en un tiempo futuro en el que las dificultades sean menores. Estamos impacientes porque pasen las clases que no nos gustan, la mañana que se nos hace pesada, el día que tenemos tantas horas de clase y prácticas, la semana de los parciales, porque pase un determinado tiempo para poder dedicarme a otras cosas, y no nos damos cuenta de que el momento es ahora. Vamos dejando pasar el tiempo con la cabeza sumergida en pensamientos, ruido, obligaciones que no nos dejan pensar, y nos impiden ver que la libertad no es dejar pasar el tiempo sin hacer nada como tantas veces hemos oído (y dicho) al acabar exámenes con la famosa frase “¡soy libre!” ¿Es que acaso antes no lo éramos? Para mí la libertad no es estar libre de responsabilidades o de obligaciones, sino la capacidad de cambiar las cosas que no nos gusten y cambiarse a uno mismo en aquellos aspectos en los que no estemos satisfechos, cambiar la gestión del tiempo hacia un mejor aprovechamiento de este para ir hacia donde uno quiere llegar.
![]() |
| La Persistencia de la Memoria (1931) Dalí |
Debemos esforzarnos por darle un sentido a la vida sin esperar a que las cosas pasen para mostrárnoslo. Debemos intentar darle un sentido al paso del tiempo para que así, cuando echemos la vista atrás comprobemos que lo vivido ha merecido la pena, y que lo que queda por vivir merece todavía más. Debemos intentar dejar atrás los agobios y superar la falta de tiempo que nos atormenta porque, como dijo Paulo Cohelo el primer síntoma de que estamos matando nuestros sueños es la falta de tiempo.
Toda historia tiene un comienzo...esta es la mia.
Me llamo Iranzu y nací el 6 de mayo de 1992 en Lumbier, un pequeño pueblo de 1400 habitantes que se encuentra a 38 km de Pamplona.
Hasta los 12 años estudié en el colegio público de allí, donde hice mis primeras amistades. A los 9 empecé a tocar la flauta en la escuela de música de mi pueblo. Creo que fue la primera decisión académica que tomé por mi cuenta. Un día me acerqué a mi madre y le dije que quería tocar la flauta y aprender música, que me apuntara a clases. No recuerdo la cara que ella puso, pero me imagino que fue algo que le sorprendió. Salvo yo, nadie sabe música en mi casa, y yo tan solo tenía 7 años cuando le confesé a mi madre mi interés por una de las mayores pasiones de mi vida. Hice mis estudios de E.SO. y bachillerato en Sangüesa, otro pueblo de Navarra que se encuentra a 14 km del mío. En mi pueblo no hay instituto así que al acabar el colegio vamos allí a estudiar. Este cambio nos permite conocer a gente nueva de más de 10 pueblos de la zona, que al igual que nosotros se trasladan diariamente para ir al instituto.
Cuando tenía 14 años mis profesores me animaron a que hiciera las pruebas de acceso al Conservatorio de Música de Pamplona, en el que todavía estudio. Lo cierto es que no recuerdo cómo era mi infancia antes de empezar a tocar la flauta, así que supongo que podría decirse que la música es algo que siempre ha estado conmigo. Aunque empecé con 14 años el conservatorio en Pamplona, seguí viviendo en mi pueblo hasta los 18. Al empezar la universidad me mudé a una residencia de estudiantes en el centro de Pamplona, en la cual, a día de hoy, sigo viviendo.
Creo que la experiencia de ser estudiante es algo, en apariencia, tan banal, que uno no se hace idea de lo enriquecedor que puede llegar a ser hasta que lo vive en su propia piel. Hace unos meses vi una entrevista en la que Steve Jobs hacía un símil que creo que encaja perfectamente con lo que quiero decir. El genio de Apple contó que, una tarde, siendo un niño, un anciano que vivía en su calle le mostró una pulidora de piedras que él guardaba en su garaje. En ella metieron piedras corrientes que cogieron del jardín de su vecino, y las pusieron en el interior de la máquina junto con un poco de arena y agua. La máquina quedó toda la noche funcionando y, al día siguiente, las piedras corrientes se habían transformado en piedras perfectamente pulidas, muy bellas. Él comparó estas piedras con los más brillantes de sus empleados que tras reuniones, puesta en común de ideas, e incluso discusiones, se mejoraban al quedar expuestos unos a otros.
La vida de estudiante, y sobre todo, la convivencia en la residencia, me ha permitido ser una piedra más entre el resto, me ha hecho descubrir que ahí fuera hay personas geniales dispuestas a dar lo mejor de sí en cada momento. Todas las personas que han estado en mi entorno durante estos años me han aportado mucho, al igual que yo a ellas, porque pienso que todos tenemos mucho que aportar a los demás.
Actualmente estudio 3º de nutrición y sigo compaginando la universidad con mis estudios de 6º de música en el conservatorio.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)







